lunes, 4 de marzo de 2013

Tom Kane y la pequeña Kitty

 Escena del capítulo siete de la primera temporada de la serie Boss.


Tom Kane, el alcalde de Chicago, se ha dado cuenta que su asistente, Kitty O'Neill, está "jugando" en contra suya. Y se lo hace saber en su oficina. Él la mira sentado desde su escritorio. Ella inicia "señor...", pero es interrumpida por la orden de Kane para que se siente. Ella obedece. "Ya te he preguntado si sabes quién soy. Y ahora, en este momento, para ti soy el puto angel de la muerte. Los próximos minutos te van a parecer el infierno si no me cuentas lo que quiero saber. Asiente". Kitty asiente. "Quieres jugar?", pregunta Kane y se levanta del asiento y se dirige hacia ella. "Vamos a jugar".

Kitty es de cabello rubio y corto, de cuerpo esbelto y rostro fino. Es una mujer muy atractiva, pero no es por eso que trabaja con el alcalde. Su inteligencia es su mejor arma, aunque en este ocasión parece que la decisión de ir contra de Kane ha sido tonta, ingenua, infantil. Continuemos.

"¡Qué triste, qué prosaico, qué vulgar! ¡Joder! ¿Eres consciente lo poco que se ha notado tu acto de desafío? ¿Y para qué? Para darle significado a tu trivial vida, tal vez. ¿Quieres sentir que te necesitan, que merece la pena? ¿Quieres ser importante?". Kane se acerca agresivamente hacia ella, pone sus manos sobre los brazos del asiento en que se encuentra Kitty y lleva su rostro delante de ella que, de repente, se ha vuelto tan pequeña, temerosa e insignificante. Insignificante, pero más adelante- en realidad en la segunda temporada - demuestra que es quizás la única persona que, con una gran estrategia y un poco de juego sucio,- porque con Kane solo se puede jugar sucio -puede ganarle algunas batallas. Pero solo algunas porque nadie está tan dispuesto a salvar su cargo como Kane. Nadie es tan sucio como para manipular a su hija y mandarla a la cárcel por un complicado problema de drogas, con el fin de que la opinión pública olvide todo lo malo y corrupción de su gestión y lo vea como un padre dolido que hace lo correcto. Pero sigamos con la escena.

"No lo eres. No importas una mierda. Si estás ocupando un buen puesto es porque te lo hemos dado nosotros, los que mandan aquí, los importantes". Kitty lo mira, con miedo, con ganas de llorar. "¿Y sabes otra cosa? Vivirás así toda la vida. Por mucho que trabajes, por muchos sacrificios inútiles que hagas, por mucho que te comprometas, sabes que siempre dependerás de alguien porque eres así". Kitty desvía la mirada. Ya casi no aguanta. Quizás siempre lo ha sabido. Quizás no le asusta tanto el alcalde- aunque debería - sino saber que eso es verdad. ¿Por qué no admitirlo? A muchas personas les corresponde el papel eterno de ser más que una sombra de otro hombre o mujer.

 "Y siempre lo serás: dependiente. Y ahora te has propuesto pasar a depender de otra persona. Es tan aburrido como predecible. Adelante, pero antes de pasar de este despacho quiero nombres. ¡Mírame! ¿A Quién se lo has dicho?". Y grita: "¡¿A quién?!". Kitty baja su cabeza, llora y responde: "A Zajac". Luego continua contando quiénes son los demás implicados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario