viernes, 8 de febrero de 2013

En las ciudades, las masas

Vuelvo al terror. Toca hablar de un cuento que me cautivó y después de un tiempo, gracias a una conversación, lo comprendí de una mejor manera. Para los entendidos habrá sido fácil darse cuenta que el título del post hace referencia al cuento En las colinas, las ciudades (Libros de Sangre I) del británico Clive Barker; pero, como ya lo dije, hablaré del cuento y no del autor, por esta vez. Antes advierto que si alguien tiene la intención de leer el cuento y no quiere saber el final, deje inmediatamente este post.

Imagen de Damon Kowarsky Está esta pareja conflictiva de ingleses, Mick y Jud (un profesor de danza y un periodista), que viajan por las carreteras de Yugoslavia. Ellos tienen personalidades opuestas y, al parecer, ninguno piensa ceder en nada para complacer al otro, al menos que se trate de sexo.  Pero eso no es lo trágico de la historia. Lo que sí es trágico es que estos dos personajes se encuentran en medio de las colinas a dos gigantes que se enfrentan continuamente en batallas sangrientas. ¡Pobres ingleses!, se convertirán en víctimas, aunque de distinta manera. 

Antes de seguir contando, hay que hacer una aclaración: no se trata de dos gigantes, sino de las ciudades de Popolac y Podujevo. Los pobladores de estas tienen años enfrentándose en batallas y cada pueblo lo hace formando un solo cuerpo enorme, una sola masa. Ahí está el terror en este cuento. Pero, que no se confunda, no me refiero al hecho pertubante que puede ser imaginarse o, en el caso de involucrarse más en la historia, presenciar una criatura cuyas células sean hombres, mujeres, niños, ancianos y cuerpos sin vida que se articulan para componer cada extremidad, cada órgano, cada parte del cuerpo. 

No, eso no es lo más terrorífico. Lo es el hombre convertido en una masa movida por la euforia y la violencia. Lo es perder la individualidad y que la colectividad valga más que la vida de una persona. Es ver como gente inocente pierde sus derechos ante la masa, como cuando Jud muere al caerle una piedra desprendida de una cabaña que destruye el gigante Popalac con su pierna. El terror es observar cómo una persona puede quedar tan fascinado por la masa que quiera desaparecer en ella.

Mick aprovechó su oportunidad. Aullando como un demonio, corrió hacia la pierna, anhelando abrazarse al monstruo. Tropezó entre las ruinas y, ensangrentado, se levantó de nuevo, intentando alcanzar el pie antes de que éste se levantara y lo dejara atrás, Hubo un clamor de agónico aliento cuando el mensaje que ordenaba moverse llegó al pie; Mick vio cómo los músculos de la espinilla se agrupaban y unían mientras la pierna comenzaba a levantarse. Hizo una última embestida sobre el miembro cuando éste iniciaba su ascenso, aferrándose a un arreo, o a una cuerda, o al pelo humano, o a la carne misma; cualquier cosa que le sirviera para asirse a este milagro pasajero y formar parte de él. Mejor ir con él a cualquier parte, servir a su propósito, cualquiera que fuese; mejor morir con él, que vivir sin él.

sábado, 2 de febrero de 2013

Todos los elementos del terror en contra de Lana Banana

La serie American Horror Story: Asylum ha tenido casi un millón menos de seguidores que su primera temporada (leer aquí), pero eso no dice, según mi juicio, que sea una mala historia de terror o que la trama sea inferior a la anterior.

Lana Banana, como llamaba la Hermana Jude (Jessica Lange) a Lana Winters (Sarah Paulson), es la protagonista. Ella es una periodista cuya ambición es lograr la fama contando grandes historias. Con ese motivo llega a la mansión Briarcliff, un manicomio para criminales dementes. Este lugar pertenece a la Iglesia Católica y es dirigido, justamente, por la monja Jude, quien interna a Lana a la fuerza, antes de que esta cuente en el diario en el que trabaja sobre el maltrato que reciben los pacientes, poniendo como excusa la homosexualidad de la periodista. Es 1964.

Lo anterior es una nada de todo lo que ocurre en esta segunda temporada. Pero aquí no interesa contar todos los hechos; sino algunas razones para ver esta serie y que la hacen una buena historia de terror. Y no como las tontas películas que supuestamente han reinventado el género utilizando cámaras caseras y movimientos torpes para mostrar historias poco pensadas (Actividad Paranormal). Estas historias a menudo se desinflan y se vuelven hasta cómicas mientras avanzan.

Aquí dejo algunas de las razones que me han hecho disfrutar de Asylum y que debe considerar cualquier persona antes de deshechar la idea de verla por el hecho de que haya tenido menos seguidores que su primera temporada:
La mansión Briarcliff: los manicomios siempre son muy atractivos porque en él hay muchos seres retorcidos, tanto entre los pacientes como entre el personal del centro. Asylum aprovecha al máximo las historias de todos estos personajes y profundiza en los traumas y experiencias de algunos de ellos. La ninfómana Shelley (Chloë Sevigny), quien tiene uno de los peores finales al ser mutilidada una y otra vez como parte del experimento del Dr. Arthur Arden (James Cromwell); la supuesta Ana Frank (Franka Potente) que cree ser perseguida por los nazis hasta en el manicomio; Pepper (Naomi Grossman), una niña con microcefalia y retraso mental, son algunos de estos personajes que dan mayor fuerza a la historia principal.  

Todos los elementos del terror: aunque quizás para muchos esta sea la razón por la que no verían la serie, creo que esto es lo que hace de Asylum una historia distinta. No hay que ser prejuiciosos y darle una oportunidad. Esta serie demuestra cómo pueden convivir asesinos psicópatas, monjas fanáticas, raptos extraterrestres, un doctor que experimenta con seres humanos y posesiones demoniacas. ¿Difícil de digerir? Sí y por eso hay que darle un poco de tiempo y no abandonarla o cambiarla por lo fácil.
Jessica Lange no es una buena actriz. ¡Es excellente! Y ya lo ha demostrado con tantas actuaciones y sus dos premios Oscar en la mano. En la serie, no hay otro personaje tan fuerte como el interpretado por ella. Cada gesto, palabra, movimiento muestran a una monja despiada que cree ser poseedora de la verdad, pero que le atormenta su pasado.
¡Maldición! Al final no me salieron tantas razones por enumerar como creía. 

Como en la primera temporada, la riqueza de la serie está en la gran cantidad de personajes que presenta y cómo se aborda la historia de cada uno de ellos.