Regreso al terror. En realidad estoy exagerando, solo que a veces me aterroriza pensar en aquellas personas que creen que pueden imponer sus ideas a los demás. Y ocurre que siempre son muchos los que creen que el poder que tienen les da aquella licencia de decir cómo son las cosas y qué debemos hacer las personas. Toco este tema porque ahora hay dos asuntos que me tienen preocupado: uno de ámbito nacional y el otro, universitario.
Está aún en el país la discusión sobre si es necesario o no que el servicio militar sea obligatorio. Yo estoy totalmente en desacuerdo con que sea obligatorio por el simple hecho de que, si me pongo en la situación de que podría ser elegido, no quisiera cumplir con esa misión. Y sencillamente es mi decisión hacerlo o no. Y es que somos libres- "somos libres" es lo que proclama nuestro Himno Nacional, ¿no?- en tomar una opción u otra, según las distintas consideraciones que podamos tener. Podemos tomar una decisión hasta por un capricho y, si no afecta a los demás, hay que respetar eso.
Yesenia Álvarez, coordinadora del Colectivo de Jóvenes por la Libertad, propone varios argumentos que dan cuenta de que la propuesta de hacer obligatorio el servicio militar es un error: primero, los proyectos de vida de las personas no les pertenecen al Estado; segundo, es un error justificar su obligatoriedad excusando que los cuarteles pueden servir como reformatorios para los jóvenes que se dedican a la delincuencia; tercero, negarse a realizar el servicio militar no quiere decir que alguien no ame a su país porque hay distintas maneras de servir a la patria.
Por otro lado, en mi centro de estudios, que pertenece a la prelatura del Opus Dei, hay un nuevo gran Capellán, quien al parecer no conoce muy bien el mundo actual en el que vivimos. Digo esto porque en una reunión que tuvimos un grupo de alumnos con él nos dio a entender que pensaba que en Piura (departamento del Perú) vivíamos en un mundo de inocencia.
Bueno, resulta que nos había convocado para explicarnos que él estaba muy en desacuerdo con las fiestas que organizaban los alumnos de las distintas facultades para recaudar fondos con fines como las fiestas de graduación. El Capellán nos expresó que consideraba que la gente que le gustaba divertirse en fiestas no podían ser muy buenas personas porque, en vez de gastar tanto dinero en ello, deberían organizar actividades para implementar baños a colegios públicos.
Aquel personaje quería que algunos de los alumnos tratemos de convencer a los jóvenes en que aquello estaba mal. Y también nos propuso, sutilmente, delatar a alumnos– y creo que también profesores –con ciertos comportamientos incorrectos. Entonces, ¿de qué estábamos hablando? ¿Casería de “personas incorrectas”, prohibiciones y controles al comportamiento de los alumnos fuera de la universidad? Si es eso, es algo que definitivamente está fuera de su alcance. Y, definitivamente, me opongo a ello.
Está aún en el país la discusión sobre si es necesario o no que el servicio militar sea obligatorio. Yo estoy totalmente en desacuerdo con que sea obligatorio por el simple hecho de que, si me pongo en la situación de que podría ser elegido, no quisiera cumplir con esa misión. Y sencillamente es mi decisión hacerlo o no. Y es que somos libres- "somos libres" es lo que proclama nuestro Himno Nacional, ¿no?- en tomar una opción u otra, según las distintas consideraciones que podamos tener. Podemos tomar una decisión hasta por un capricho y, si no afecta a los demás, hay que respetar eso.
Yesenia Álvarez, coordinadora del Colectivo de Jóvenes por la Libertad, propone varios argumentos que dan cuenta de que la propuesta de hacer obligatorio el servicio militar es un error: primero, los proyectos de vida de las personas no les pertenecen al Estado; segundo, es un error justificar su obligatoriedad excusando que los cuarteles pueden servir como reformatorios para los jóvenes que se dedican a la delincuencia; tercero, negarse a realizar el servicio militar no quiere decir que alguien no ame a su país porque hay distintas maneras de servir a la patria.
Por otro lado, en mi centro de estudios, que pertenece a la prelatura del Opus Dei, hay un nuevo gran Capellán, quien al parecer no conoce muy bien el mundo actual en el que vivimos. Digo esto porque en una reunión que tuvimos un grupo de alumnos con él nos dio a entender que pensaba que en Piura (departamento del Perú) vivíamos en un mundo de inocencia.
Bueno, resulta que nos había convocado para explicarnos que él estaba muy en desacuerdo con las fiestas que organizaban los alumnos de las distintas facultades para recaudar fondos con fines como las fiestas de graduación. El Capellán nos expresó que consideraba que la gente que le gustaba divertirse en fiestas no podían ser muy buenas personas porque, en vez de gastar tanto dinero en ello, deberían organizar actividades para implementar baños a colegios públicos.
Aquel personaje quería que algunos de los alumnos tratemos de convencer a los jóvenes en que aquello estaba mal. Y también nos propuso, sutilmente, delatar a alumnos– y creo que también profesores –con ciertos comportamientos incorrectos. Entonces, ¿de qué estábamos hablando? ¿Casería de “personas incorrectas”, prohibiciones y controles al comportamiento de los alumnos fuera de la universidad? Si es eso, es algo que definitivamente está fuera de su alcance. Y, definitivamente, me opongo a ello.








